top of page
Buscar

Semana ya me perdí - Sesgos final

  • 12 may 2025
  • 5 Min. de lectura



Hace unos días me crucé con un TikTok que mostraba a un chico recibiendo una avalancha de comentarios agresivos por algo tan simple como su manera de reír. Me detuve a mirar, no por morbo, sino porque el video me hizo pensar en cuánto pesan los sesgos en nuestra vida digital cotidiana. Lo curioso es que ya había estado reflexionando sobre eso en clase. Y justo en esta última sesión, cerramos con una mirada profunda —y algo inquietante— sobre cómo estos atajos mentales, casi automáticos, moldean nuestras interacciones en redes.


Entre los muchos sesgos que discutimos, uno que se me quedó dando vueltas fue el de atribución hostil. Es esa tendencia a interpretar las acciones de los demás como si tuvieran una mala intención, incluso cuando no hay evidencia clara de ello. En redes, esto pasa todo el tiempo: una frase mal escrita, un emoji ambiguo, una respuesta sin signos de puntuación… y ya estamos imaginando que la persona está enojada, pasivo-agresiva o nos quiere atacar. A veces yo también he caído ahí, reaccionando defensivamente a un comentario que luego entendí que no tenía nada de malo. Como si la virtualidad potenciara ese miedo constante a ser juzgado o rechazado.


El sesgo de percepción selectiva también me hizo ruido. Es como si nuestras ganas, miedos o expectativas fueran unos lentes que filtran la realidad. Me ha pasado que veo una publicación y la interpreto de una forma muy personal, cuando probablemente no iba dirigida a mí ni tenía ese significado. Esto se conecta con esa hiperpersonalización del contenido que ofrecen los algoritmos, donde cada quien termina leyendo el mundo como un espejo de sus propias ideas. Es ahí donde las redes se vuelven ecos, donde solo escuchamos lo que ya queremos oír, y eso es peligroso.


Y bueno, imposible no hablar del efecto spotlight. Esa sensación de que todo el mundo está pendiente de lo que hacemos, decimos o dejamos de hacer. Subes una historia y te obsesionas con quién la vio, si alguien la respondió, si tu outfit se veía bien o si dijiste algo raro. Es como si estuviéramos bajo una lupa constante, aunque en realidad, la mayoría está demasiado enfocada en sí misma como para prestarnos tanta atención. Pero claro, la lógica de los likes y las vistas refuerza esa sensación de exposición continua.


Me impresionó también el ejemplo de la ilusión de control. Esa creencia de que tenemos más influencia sobre lo que sucede de lo que realmente tenemos. En redes lo vemos cuando alguien piensa que por compartir una cadena va a evitar una tragedia o cuando creemos que podemos cambiar la opinión de alguien solo con un comentario. Esa ilusión puede ser útil a veces, pero también nos hace responsables de cosas que están fuera de nuestro alcance.


Otra que me pareció muy real fue la idea del efecto animadora. Me ha pasado —y sé que no soy la única— que veo fotos grupales y alguien que tal vez no me parece tan atractivo individualmente, de repente destaca entre el grupo. Es una ilusión sutil, pero que habla mucho de cómo nuestro cerebro opera por contraste y contexto. En redes, donde todo se ve en mosaico, esto pasa sin que nos demos cuenta.


Y sí, también está el tema del sesgo cultural. Uno que no podemos ignorar cuando hablamos de comunicación digital. Las redes globalizan las conversaciones, pero nuestros filtros siguen siendo profundamente locales. Lo que a mí me parece ofensivo, a otra persona en otro país o contexto le puede parecer normal, y viceversa. Este sesgo nos hace juzgar sin comprender, opinar sin conocer. Y eso sí que lo vemos todos los días.


En todo esto no pude evitar conectar con ideas que vimos antes. Por ejemplo, Danah Boyd y su planteamiento del context collapse. ¿Cuántas veces dejamos de publicar algo por miedo a cómo será percibido por públicos distintos que están todos mezclados en nuestras redes? Lo que tus amigos entienden como broma, tus profesores pueden ver como falta de profesionalismo. Esa pérdida de control sobre el contexto genera ansiedad y autocensura. Y ni hablar del sesgo de negatividad que Boyd también menciona: la tendencia a recordar o reaccionar más fuerte ante lo negativo que lo positivo. En redes esto se traduce en escándalos que duran días y cosas buenas que olvidamos en segundos.


También recordé todo lo que discutimos sobre la narrativa transmedia de Jenkins y la alfabetización transmedia de Scolari. En un entorno donde los contenidos se expanden y mutan entre plataformas, los sesgos también se replican y transforman. Un meme con sesgo de atribución hostil en Twitter puede volverse un reel irónico en Instagram o un audio viral en TikTok. Los usuarios ya no son solo consumidores, también son productores, remixan el contenido, lo resignifican. Y lo hacen desde sus propios filtros, sus propios sesgos. Ahí es donde la inteligencia colectiva se mezcla con la subjetividad individual.


En mi carrera, esto tiene implicaciones enormes. Como futura comunicadora, no solo debo ser consciente de mis propios sesgos al crear contenido, sino también de los de mi audiencia. Comprender cómo operan estos mecanismos mentales me permite diseñar mensajes más responsables, más empáticos y menos manipuladores. Si no tenemos cuidado, podemos reforzar estereotipos, perpetuar desinformación o simplemente excluir a quienes no encajan en nuestra burbuja de percepción.


Y acá me gustaría dejar una pregunta abierta, casi como ejercicio de honestidad: ¿cuántas veces hemos compartido algo solo porque confirma lo que ya creemos, sin verificar si es cierto? Yo confieso que lo he hecho. Y probablemente lo siga haciendo. Pero al menos ahora, tengo más herramientas para reconocerlo.


Los sesgos cognitivos no son “el enemigo”, son parte de cómo funciona nuestro cerebro. El problema es cuando dejamos de cuestionarlos. En redes, donde todo es rápido, inmediato y muchas veces superficial, hacer una pausa para pensar puede parecer un lujo. Pero quizás esa pausa es justo lo que necesitamos para empezar a cambiar la forma en que nos comunicamos.




Referencias

Boyd, D. (2014). It's Complicated: The Social Lives of Networked Teens. Yale University Press.


YouTube. (2024, febrero). ¿Qué es un sesgo cognitivo? [Video]. https://www.youtube.com/watch?v=qPCaeaPH5nk


YouTube. (2024, febrero). Efecto halo, sesgo de confirmación y otros errores mentales [Video]. https://www.youtube.com/watch?v=gNJxJmRRCws


YouTube. (2024, febrero). Cómo nos manipulan en internet usando sesgos cognitivos [Video]. https://www.youtube.com/watch?v=g6zXBHdbQJI


NeuroClass. (2024). Sesgo de correspondencia: ¿por qué lo juzgamos así? https://neuro-class.com/sesgo-de-correspondencia-por-que-juzgamos/



Bibliografía

Byung-Chul Han. (2010). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.


Nogueras, R. (2022). Por qué creemos en mierdas. Kailas Editorial.


Jenkins, H. (2006). Convergence Culture: Where Old and New Media Collide. New York University Press.


Scolari, C. A. (2008). Narrativas transmedia: cuando todos los medios cuentan. Gedisa Editorial.

 
 
 

Comentarios


Envíame un mensaje y dime lo que piensas

¡Gracias por tu mensaje!

© 2035 Creado por Tren de ideas con Wix.com

bottom of page