Bitácora 12 - entre mentiras, microexpresiones y nervios
- 10 may
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Figura 1. Ilustración conceptual sobre cazamentiras.
Nota. Imagen generada mediante inteligencia artificial para fines académicos.
Esta clase empezó incluso antes de llegar al salón. Danna y yo fuimos a buscar al profesor al salón donde acababa de terminar clase porque queríamos preguntarle si todo estaba bien con nuestra presentación de Cazamentiras. La verdad, estábamos nerviosas. No era una exposición pequeña ni una participación rápida; literalmente nos tocaba sostener gran parte de la clase. Además, eran demasiados capítulos y mucha información técnica para explicar sin que se volviera aburrida o pesada.
El profesor nos tranquilizó un poco y terminamos entrando junto con él al salón. Ese momento me bajó algo de ansiedad, aunque seguía sintiendo esa presión rara que aparece cuando sabes que te va a tocar hablar durante bastante tiempo frente a todo el curso.
Antes de empezar nuestra presentación, el profesor mostró una video-bitácora de una compañera. Creo que fue la primera video-bitácora que vimos en la clase y además ella ya había conseguido sus cinco likes. Eso automáticamente me hizo pensar en mis propias bitácoras. Yo ya tengo cuatro y me falta solamente uno para quedar exenta del trabajo final del corte. Honestamente, espero muchísimo que esta bitácora sea la que me dé ese último like porque sí siento que me he esforzado demasiado haciendo todas estas reflexiones, intentando que realmente tengan análisis y no solo resumen de clase.
Después de eso, el profesor nos llamó para empezar la exposición.
Yo fui la primera en pasar porque me correspondían los capítulos 1 y 2 del libro. Apenas empecé a hablar sentí esa mezcla horrible entre nervios y adrenalina donde uno no sabe si está hablando muy rápido o muy lento. Afortunadamente, a medida que iba explicando, el profesor intervenía constantemente para complementar cosas, dar ejemplos o volver a explicar algunas ideas con otras palabras. Eso ayudaba mucho porque hacía que la exposición se sintiera más conversada y menos mecánica.
Mi parte trataba principalmente sobre la naturaleza de la mentira y los perfiles del mentiroso.
Algo que me pareció muy interesante desde que preparábamos la presentación era que el libro rompe la idea simplista de que toda falsedad es automáticamente una mentira. Según Rita Karanauskas, para que exista mentira tienen que existir dos cosas: intención de engañar y ausencia de acuerdo previo. Eso significa que en situaciones como la actuación, la magia o incluso algunos juegos, aunque haya falsedad, realmente no hay mentira porque todos aceptan entrar en esa dinámica.
Ese punto me gustó porque cambia muchísimo la forma en que normalmente pensamos el engaño.
También explicamos el espectro de la mentira. Hablamos de las mentiras piadosas, las mentiras por omisión, la falsificación parcial y la falsificación total. La parte que más me llamó la atención fue la mentira por omisión, porque es probablemente la más común.
Mucha gente no inventa historias completas; simplemente elimina la parte incómoda. Y eso me parece muy real. A veces las personas no dicen algo falso, pero tampoco dicen toda la verdad.
Luego pasé a explicar los perfiles del mentiroso: el ocasional, el natural y el profesional. Mientras hablaba de eso, el profesor empezó a dar ejemplos cotidianos que hicieron que el salón reaccionara más. Explicó cómo algunas personas sienten muchísima culpa al mentir y otras parecen hacerlo con una facilidad absurda. Ahí entramos al concepto de carga cognitiva: mentir exige mucho más trabajo mental que decir la verdad porque el cerebro tiene que ocultar información, construir otra versión y además vigilar que todo parezca coherente.
Esa parte me pareció brutal porque conecta directamente el cuerpo con el pensamiento. El libro plantea que muchas señales físicas aparecen porque el cerebro está demasiado ocupado sosteniendo la mentira y descuida otras cosas, como los gestos o ciertas expresiones involuntarias.
Después siguió Danna con los capítulos 3 y 4, relacionados con comunicación verbal y no verbal. Mientras ella hablaba, el profesor también iba complementando muchísimo.
Explicaron cómo el lenguaje puede convertirse en una especie de escudo para evitar responder directamente. Por ejemplo, cuando alguien responde una pregunta con otra pregunta o cuando empieza a justificar demasiado su “honestidad” diciendo frases como “te lo juro” o “créeme”.
Me pareció muy interesante la parte sobre el exceso de detalles. Normalmente uno piensa que mientras más detalles da una persona, más verdad está diciendo. Pero el libro plantea que muchas veces ocurre lo contrario: el mentiroso llena la historia de datos irrelevantes para hacerla parecer más sólida.
Después entraron en la comunicación no verbal, que honestamente fue de las partes que más me gustó de toda la presentación. Hablaron sobre cómo no existen gestos universales de mentira. Eso el profesor lo reforzó varias veces porque mucha gente sigue creyendo cosas como “si alguien no mira a los ojos, miente”.
Y realmente no funciona así.
El libro insiste mucho en que lo importante no es un gesto aislado, sino los cambios respecto a la línea base de la persona. Es decir, primero hay que entender cómo actúa alguien normalmente antes de interpretar cualquier cambio de conducta.
También hablaron de los ilustradores y manipuladores. Los ilustradores son esos movimientos que hacemos naturalmente con las manos al hablar, mientras que los manipuladores son gestos de autoconsuelo como tocarse el cuello, acomodarse algo o jugar con objetos. Bajo estrés, los ilustradores suelen disminuir y los manipuladores aumentar.
Mientras escuchaba eso, me di cuenta de que automáticamente empecé a observar a la gente del salón.
Después siguieron Sophi y Laura con los capítulos 5, 6 y 7, donde explicaron el método de las 4 Ces: contexto, congruencia, consistencia y conjunto.
Esa parte me pareció importante porque aterriza todo el análisis y evita que uno saque conclusiones absurdas por un solo gesto. El libro insiste mucho en que ninguna señal aislada demuestra mentira. Todo depende del contexto y de encontrar varias señales juntas.
También hablaron de las microexpresiones basadas en Paul Ekman y del famoso Punto X, que es ese momento exacto donde la conducta cambia frente a una pregunta específica. Ahí es donde supuestamente aparece la información que genera tensión o que la persona intenta ocultar.
Mientras exponíamos, el profesor nos dejaba avanzar bastante, pero constantemente detenía para profundizar ejemplos o hacer preguntas al salón. Eso me gustó porque hacía que no se sintiera solo como leer diapositivas.
Además, entre capítulos colocábamos videos relacionados con cada tema. Honestamente, me dio mucho alivio que al profesor le gustaran, porque nos habíamos esforzado bastante buscando videos que realmente complementaran la explicación y no fueran solo relleno.
Después de terminar toda la exposición, pasamos a los juegos.
El primero fue “dos verdades y una mentira”. La dinámica era sencilla: alguien decía tres afirmaciones y el salón debía identificar cuál era falsa analizando detalles del lenguaje verbal y no verbal.
Luego el profesor decidió aumentar la dificultad y empezó con “tres verdades y una mentira” y después “cuatro verdades y una mentira”. Ahí ya se volvió mucho más complicado porque obligaba a observar demasiadas cosas al mismo tiempo: tono de voz, movimientos de ojos, postura, rapidez al responder, cambios de expresión, todo.
Después el profesor me preguntó por el mazo de cartas que se suponía que iba a llevar. La verdad… no lo encontré. Lo busqué y nunca apareció, así que no lo traje. Entonces el profesor improvisó el ejercicio buscando una carta cualquiera desde el celular.
La dinámica consistía en que una persona veía la carta y, sin importar qué le preguntaran, tenía que responder siempre “no”. El objetivo era detectar en qué momento algo cambiaba en su comportamiento y tratar de identificar la carta observando pequeñas reacciones.
Ahí entendí algo importante: detectar mentiras no es magia.
No es como en las películas donde alguien mira raro y automáticamente descubren todo. En realidad implica observar muchísimas variables al mismo tiempo y entender primero cómo funciona normalmente la persona.
Al final el profesor cerró la clase y honestamente sentí mucho alivio.
Más allá del cansancio o los nervios, sí creo que nos esforzamos muchísimo preparando esa presentación. Eran demasiados capítulos, demasiada información y muchos conceptos técnicos que podían salir mal si no los entendíamos bien.
Y aunque no todo el salón estuviera completamente conectado todo el tiempo, yo sí sentí que logramos sacar adelante algo difícil.
Además, esta clase me dejó pensando en algo curioso: muchas veces creemos que mentir es solo decir algo falso, pero realmente el engaño es muchísimo más complejo. Involucra emociones, lenguaje, cuerpo, memoria, estrés y hasta pequeños movimientos que normalmente ni notamos.
Al final terminé pensando que observar a las personas es mucho más difícil de lo que parece.
Y también que quizá todos mentimos más de lo que creemos, incluso en cosas pequeñas, cotidianas o aparentemente inofensivas.
Ahora solo espero una última cosa: que esta bitácora finalmente me consiga ese quinto like que tanto quisiera.
Referencias
Ekman, P. (2003). Emotions revealed: Recognizing faces and feelings to improve communication and emotional life. Times Books.
Karanauskas, R. (s.f.). Cazamentiras.
Navarro, J., & Karlins, M. (2010). What Every Body Is Saying: An Ex-FBI Agent’s Guide to Speed-Reading People. HarperCollins.
Pease, A., & Pease, B. (2006). El lenguaje del cuerpo. Amat Editorial.
Vrij, A. (2008). Detecting Lies and Deceit: Pitfalls and Opportunities (2nd ed.). Wiley.



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