Semana 9 - Entre paradigmas y conexiones: comprender al otro también es investigar
- 19 abr
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Esta clase empezó para mí unos minutos tarde. Venía saliendo del parcial de programación, con la mente todavía atrapada entre códigos, errores y ejercicios que sentía que me seguían persiguiendo incluso caminando al salón. Entré sigilosamente, intentando no interrumpir demasiado, aunque claramente el profesor se dio cuenta de mi llegada. Me senté al fondo con mis compañeras, todavía acomodándome entre el cansancio y la transición mental de pasar de una materia técnica a una clase donde normalmente termino pensando cosas mucho más humanas.
Cuando llegué ya estaban organizándose para empezar. Esta vez la dinámica tomó otro rumbo y la clase se centró más en exposiciones, actividades y una explicación bastante extensa sobre rapport. Al final no me molestó, porque fue una de esas sesiones donde uno sale sintiendo que sí hubo contenido valioso.
La primera exposición estuvo a cargo de unos compañeros y trató sobre los paradigmas de investigación. Algo que me parece importante aclarar es que esta parte no la explicó directamente el profesor, sino los estudiantes, aunque él sí intervenía constantemente para complementar, corregir y lanzar preguntas que obligaban a pensar más allá de la diapositiva.
Desde el principio se planteó una idea sencilla pero poderosa: en investigación no todos observamos la realidad de la misma forma. Dependiendo de lo que se quiera lograr, cambia la manera de preguntar, de recolectar datos y de interpretar resultados.
Uno de los compañeros dijo algo como que la realidad puede comprobarse, interpretarse o transformarse, y me pareció una forma muy clara de resumir varios enfoques metodológicos.
El primer paradigma que explicaron fue el positivista. Según entendí, parte de la idea de que existe una realidad objetiva que puede medirse independientemente de quien la observe. Aquí importan los datos numéricos, los experimentos, las encuestas, las comparaciones estadísticas.
Pusieron ejemplos relacionados con inteligencia artificial y educación: comprobar si los estudiantes mejoran sus notas usando IA. Ahí el interés no está en cómo se sienten, sino en si hay un cambio medible.
El profesor intervino varias veces en esta parte repitiendo algo que se me quedó grabado: todo lo que sea comprobar, verificar, experimentar, entra aquí. También dijo que cuando uno sustente una tesis, pueden preguntarle bajo qué paradigma trabajó, y si uno no sabe responder eso, entonces realmente no sabe desde dónde investigó.
Eso me hizo pensar en lo fácil que es hablar de “hacer una investigación” sin preguntarse primero qué tipo de verdad se está buscando.
Luego los compañeros pasaron al paradigma interpretativo o hermenéutico. Aquí la lógica cambia totalmente. Ya no interesa medir tanto, sino entender significados, experiencias, percepciones y formas de vivir una realidad.
El ejemplo seguía siendo la inteligencia artificial, pero ya no preguntando si mejora notas, sino cómo la viven los estudiantes, qué piensan de ella, si les ayuda, si les genera dependencia, ansiedad o tranquilidad.
Me gustó esta parte porque siento que conecta más con la complejidad humana. No todo puede convertirse en porcentaje. Hay cosas que solo aparecen cuando alguien habla con sinceridad y cuenta lo que siente.
El profesor reforzó esto diciendo algo parecido a que cuando hablamos de significado, entramos en otro terreno. ¿Qué significa la soledad para una persona? ¿Qué significa el éxito? ¿Qué significa estudiar? Cada respuesta cambia según quién responda.
Y eso me pareció cierto. A veces usamos palabras universales como si todos las viviéramos igual, cuando en realidad cada persona carga una versión distinta de esas ideas.
Después explicaron el paradigma sociocrítico, influenciado por corrientes críticas y por pensadores como Marx. Aquí no basta con comprender la realidad: también se quiere cuestionarla y cambiarla.
El profesor conectó esto con algo que ya habíamos visto antes: la investigación acción participativa. Recordó que es uno de sus enfoques favoritos porque no deja al investigador como observador lejano, sino que lo involucra en procesos reales de transformación.
Me gustó mucho esa idea porque rompe con la imagen del investigador neutral que solo mira y escribe. Aquí investigar implica responsabilidad.
También se habló del pragmático, que mezcla herramientas cuantitativas y cualitativas según lo que sirva mejor para resolver un problema concreto.
Recuerdo un ejemplo sobre mejorar resultados académicos en un colegio. El profesor hizo preguntas tramposas para ver si caíamos en decir que era sociocrítico solo porque quería “mejorar algo”. Pero luego explicó que no necesariamente se quiere transformar la sociedad entera, sino solucionar una necesidad puntual. Entonces eso lo ubicaba más en lo pragmático.
Ese momento me gustó porque mostró que no basta con repetir definiciones. Hay que saber analizar casos.
Más allá de memorizar nombres, entendí algo importante: el paradigma no es un adorno académico. Es la base que orienta cómo se investiga, qué preguntas se hacen y qué herramientas tienen sentido.
También entendí que muchas veces queremos respuestas rápidas sin pensar primero desde dónde estamos mirando.
Después de las exposiciones hicimos una actividad en Blocket. Como siempre, empezó tranquila y terminó despertando el espíritu competitivo del salón.
Con mi compañera íbamos bastante bien posicionadas durante una buena parte del juego. Incluso llegamos a pensar que esta vez sí nos iría excelente. Pero faltando poco tiempo empezaron a subir otros grupos de manera absurda y nos bajaron rapidísimo.
Pasamos de sentirnos casi victoriosas a quedar prácticamente en nada en segundos. Fue frustrante y gracioso al mismo tiempo. Esa clase de juegos siempre revelan lados inesperados de uno: el orgullo, la rabia, las ganas de ganar algo completamente simbólico.
Después vino la parte central de la clase: el rapport.
Aquí sí el profesor tomó mucho más protagonismo y empezó una explicación extensa, llena de ejemplos cotidianos, comerciales, videos y demostraciones con compañeros del salón.
Definió rapport como una conexión armoniosa entre personas, una relación de confianza que permite que la comunicación fluya. Dijo que viene del francés y que se usa mucho en psicología, ventas, entrevistas e interacciones humanas en general.
Lo interesante fue que no lo explicó como teoría abstracta, sino como algo que hacemos todo el tiempo sin notarlo.
Puso ejemplos simples:
Cuando alguien habla y uno responde “ajá”, “sí”, “claro”.
Cuando dos personas empiezan a copiar posturas.
Cuando uno sonríe y el otro sonríe también.
Cuando una conversación se siente natural.
Dijo algo que me gustó mucho: la atención es amor.
Y aunque sonó simple, tiene bastante verdad. Hoy en día prestar atención real a alguien parece cada vez más raro.
Luego conectó el tema con entrevistas. Si un entrevistado no confía en quien pregunta, responde con reservas. Si se siente escuchado, habla más, se abre más y aparece mejor información.
Eso me hizo pensar que muchas veces creemos que una buena entrevista depende de preguntas inteligentes, cuando en realidad depende primero del clima humano que se crea.
Después hizo una demostración con una compañera sobre el famoso mirroring o técnica del espejo.
Consiste en acompasar de forma sutil movimientos, postura, tono de voz y ritmo corporal. No copiar exageradamente, sino igualar de forma natural.
Si la persona se inclina, uno también cambia postura.
Si baja el tono, uno suaviza el tono.
Si sonríe, uno responde con cercanía.
El profesor insistió varias veces en que no es imitar ridículamente, sino sincronizar.
Me pareció curioso porque mientras lo explicaba, empecé a recordar situaciones donde eso pasa naturalmente entre amigos, parejas o personas que se llevan bien.
Después habló del lado contrario: el anti-rapport.
Es decir, hacer todo lo que rompe la conexión:
mirar el celular mientras alguien habla
responder sin interés
postura cerrada
silencios tensos
no mirar a la persona
escribir mientras habla en vez de escuchar
En ese momento pensé en cuántas veces normalizamos eso. Incluso uno mismo lo hace sin darse cuenta.
El profesor dijo algo clave para entrevistas: no tomar apuntes mirando el cuaderno todo el tiempo. Mejor grabar y estar presente, porque si no se pierde la conexión.
Eso me pareció muy cierto.
Luego nos dio un break activo: salir al campus y buscar evidencias reales de rapport entre personas.
Teníamos que tomar fotos o videos de gente conversando, sincronizada corporalmente, conectada.
Ese ejercicio me gustó porque obligaba a mirar distinto. Normalmente uno camina sin observar nada. Pero al buscar rapport empecé a notar parejas inclinadas una hacia la otra, amigas haciendo los mismos gestos, personas riéndose con el mismo ritmo corporal.
Fue raro darme cuenta de cuánto comunica el cuerpo.
Después otras compañeras expusieron el modelo VAK.
Otra vez, importante: esta parte también fue dirigida por estudiantes, no solo por el profesor.
Explicaron tres canales principales:
Visual: Personas que aprenden mejor viendo imágenes, colores, esquemas, mapas conceptuales.
Auditivo: Aprenden escuchando explicaciones, conversaciones, debates, audios.
Kinestésico: Aprenden haciendo, moviéndose, experimentando, practicando.
Hicieron un test para descubrir cuál predominaba en cada uno.
Yo salí con 33.3% en cada uno. Por lo que no tengo ni la menor idea de cual es la que mejor predomino.
Como cierre de la sesión, nos dejaron aplicar rapport con una persona real y contar la experiencia en la bitácora. Decidí hacerlo esa misma noche con una vecina con la que siempre saludo, pero con quien nunca había tenido una conversación larga.
Aproveché que la encontré afuera de la casa sacando a su perro y empecé hablándole de algo sencillo: preguntarle el nombre del perro y cuánto tiempo llevaba con él. Desde el inicio intenté aplicar varias cosas vistas en clase: mantener contacto visual, sonreír, escuchar sin interrumpir y acompasar un poco su tono tranquilo al hablar.
Noté algo curioso. Al principio ella respondía de manera breve, como en cualquier conversación casual entre vecinos. Pero cuando le pregunté cómo había cambiado su rutina desde que adoptó al perro, empezó a hablar muchísimo más. Me contó que lo había adoptado después de una época difícil emocionalmente y que salir a caminar con él le ayudó a sentirse menos sola.
Ahí entendí algo importante: cuando una persona siente interés genuino, cambia la profundidad de sus respuestas.
También intenté dejar silencios cómodos en vez de llenar cada espacio hablando yo. Funcionó bastante, porque varias veces después del silencio ella seguía contando más cosas por iniciativa propia.
Lo que sí debo mejorar es no pensar tanto en “aplicar una técnica”, porque por momentos me sentía demasiado consciente de cada gesto. Cuando dejé de pensar en eso y simplemente escuché, la conversación fluyó mejor.
Mi conclusión de la tarea es que el rapport no sirve solo para investigar. Sirve para conectar realmente con personas que uno ve todos los días y a veces no conoce en absoluto.
Salí pensando que esta sesión habló realmente de cómo conocemos a otros y cómo nos conectamos con otros.
Los paradigmas me mostraron distintas formas de buscar verdad.
El rapport me mostró que sin confianza no hay profundidad.
El VAK me recordó que no todos aprenden ni procesan igual.
Y personalmente me dejó otra reflexión: llegué corriendo desde programación, sintiéndome drenada, pero terminé en una clase donde otra vez entendí que lo humano también tiene estructuras, métodos y lógica.
Solo que aquí los errores del sistema no salen en pantalla: salen en silencios, posturas, miedos, malas preguntas y falta de atención.
Y eso, sinceramente, a veces es mucho más complejo que cualquier código.



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