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Semana 6 - Conocimiento que se construye en colectivo

  • 15 mar
  • 6 Min. de lectura

Por suerte ese día salí unos quince minutos antes de mi clase anterior, así que pude irme con calma hacia el salón de Investigación Social. Cuando llegué, mis amigas ya estaban esperando afuera mientras salían los estudiantes de la clase que estaba antes que la nuestra. Entramos cuando el salón quedó libre y nos sentamos atrás, como casi siempre hacemos. Mientras esperábamos a que llegara el profesor, yo estaba pensando en algo que ya venía intentando desde hace varias semanas: volver a leer mi bitácora en clase.


La primera vez que se leyó fue en la semana uno, y desde entonces había querido volver a compartir otra. Pero siempre pasaba algo: alguien levantaba la mano antes que yo, o el profesor prefería darle la oportunidad a alguien que nunca había leído su bitácora. Esta vez decidí insistir un poco más. Apenas llegó el profesor, le pregunté si podíamos leer la mía. Después de varios intentos en clases anteriores, finalmente lo logré.


La verdad, para ese momento ya no me daba tanta pena como antes. De hecho, me acordé de algo que había pensado alguna vez sobre el efecto spotlight, esa idea de que creemos que todo el mundo nos está mirando y juzgando constantemente, cuando en realidad no es tan así. Leer mi bitácora frente al salón fue una forma de salir de esa zona de confort en la que muchas veces uno prefiere quedarse callado por miedo a equivocarse o a ser juzgado. Pero justo por eso me parece valioso hacerlo. Si uno no se arriesga a participar, al final termina quedándose siempre en el mismo lugar. Por suerte, al profesor y a varios compañeros les gustó la bitácora y eso incluso me hizo ganarme un “like”, lo cual siempre se agradece.


Después de ese momento, el profesor nos mostró una bitácora de una estudiante de semestres pasados sobre una salida de campo a una mezquita. Pasamos bastante tiempo analizándola y comentándola. Lo interesante no era solo el lugar que la estudiante había visitado, sino el proceso personal que implicaba esa experiencia. Según entendimos en clase, ella provenía de un contexto cristiano, por lo que visitar una mezquita implicaba entrar en un espacio cultural y religioso completamente distinto a su propio entorno.


Ese ejemplo me pareció muy potente porque mostraba algo que el profesor repitió varias veces durante la discusión: la investigación social no se trata únicamente de observar desde afuera, sino de permitirse vivir una experiencia que cuestione nuestras propias certezas. La salida de campo, entonces, no es simplemente ir a un lugar para tomar notas, sino abrirse a comprender realidades que inicialmente pueden parecer lejanas o incluso incómodas.


En cierto sentido, esa bitácora funcionó como una especie de guía para lo que nosotros tendremos que hacer más adelante. Nos mostró que una experiencia aparentemente sencilla puede convertirse en un análisis profundo cuando el investigador se involucra realmente con lo que está viviendo.


Luego de ese ejercicio pasamos a las exposiciones de nuestras compañeras Luna y Bibiana, quienes presentaron el tema de la Investigación Acción Participativa (IAP). Desde el inicio dejaron claro que este enfoque propone una forma distinta de entender la investigación social. En lugar de estudiar a las comunidades como si fueran objetos de análisis, la IAP plantea que las personas deben participar activamente en la construcción del conocimiento.


En otras palabras, la investigación no se hace sobre las comunidades, sino con ellas. Esto implica que quienes viven los problemas también participen en la comprensión de esos problemas y en la búsqueda de posibles soluciones. Esta idea cambia bastante la forma tradicional en la que muchas veces se ha entendido la investigación, donde el investigador llega, recoge información y luego se retira sin que las personas involucradas tengan un papel real dentro del proceso.


Uno de los referentes fundamentales de este enfoque es Paulo Freire, cuyo trabajo en educación popular influyó profundamente en la manera en que se concibe la participación dentro de los procesos sociales. Freire defendía una educación que no fuera simplemente la transmisión de conocimientos desde un profesor hacia los estudiantes, sino un proceso de diálogo donde todos los participantes construyen conocimiento juntos. En este sentido, la educación debía permitir que las personas desarrollaran una conciencia crítica sobre su propia realidad.


Esa idea de concienciación implica que las personas no solo comprendan las condiciones sociales en las que viven, sino que también puedan actuar para transformarlas. Por eso, dentro de la lógica de la Investigación Acción Participativa, el conocimiento no se queda únicamente en la reflexión teórica, sino que busca generar cambios reales en las comunidades.


En el contexto latinoamericano, este enfoque también se relaciona con los aportes del sociólogo colombiano Orlando Fals Borda, quien desarrolló la idea del sujeto sentipensante. Este concepto me pareció especialmente interesante porque rompe con la idea de que el conocimiento se produce únicamente desde la razón. Según Fals Borda, comprender la realidad implica también reconocer las emociones, las experiencias y las historias de las personas.


Pensar y sentir no son procesos separados. Más bien forman parte de una misma manera de relacionarnos con el mundo. Desde esta perspectiva, el investigador deja de ser una figura completamente distante y neutral, y pasa a reconocer que también forma parte del proceso de conocimiento.


Esto conecta muy bien con la lógica de la IAP, donde la investigación no es solo un ejercicio intelectual, sino también una experiencia humana que involucra relaciones, emociones y aprendizajes colectivos.


Durante la discusión en clase también hablamos sobre algunos de los beneficios y desafíos que puede tener este tipo de enfoque. Por un lado, trabajar junto con las comunidades permite generar procesos más participativos y respetuosos, donde las personas sienten que sus voces realmente importan. Además, las soluciones que surgen suelen ser más pertinentes porque nacen del conocimiento que las propias comunidades tienen sobre su realidad.


Sin embargo, también es un proceso que requiere tiempo, diálogo y construcción de confianza. No es algo que pueda hacerse de manera rápida o superficial. El investigador debe estar dispuesto a escuchar, a cuestionar sus propias ideas y a reconocer que no siempre tiene todas las respuestas.


En la última parte de la clase pasamos a otro tema relacionado con la formulación de objetivos de investigación, que fue presentado por otro grupo de compañeras. Allí discutimos cómo un buen objetivo no se limita a una frase bien escrita, sino que debe tener claridad sobre qué se quiere estudiar, con quién, en qué contexto y con qué propósito. Esto es importante porque muchas veces los estudiantes planteamos objetivos demasiado amplios que luego son muy difíciles de desarrollar en la práctica.


Para cerrar la clase hicimos una actividad tipo juego utilizando Blocket, que como siempre genera una mezcla de emoción y frustración al mismo tiempo. Durante varios momentos mi compañera y yo íbamos bastante bien posicionadas, incluso entre los primeros lugares.


Pero al final ocurrió lo que suele pasar en ese juego: varias personas empezaron a robar puntos casi al mismo tiempo y en cuestión de segundos terminamos con cero. Fue bastante frustrante, pero también parte del “caos divertido” que siempre ocurre con ese tipo de dinámicas.


Algo curioso es que gracias a esta bitácora tengo que acordarme de llevar algo para la próxima clase. Honestamente, yo soy de las personas que casi siempre se le olvida llevar cosas. Incluso recordé una vez, hace varios semestres, cuando debía llevar algo muy sencillo para una clase —creo que eran como dos mil pesos en pan— y terminé haciéndome la loca y no lo llevé. Pero bueno, esta vez intentaré no repetir esa historia. Si logro llevar algo, será prácticamente un milagro.


Más allá de esos momentos cotidianos de la clase, creo que lo que más me quedó resonando fue la idea de que investigar implica mucho más que recopilar información. La investigación social, al menos desde enfoques como la Investigación Acción Participativa, tiene que ver con aprender a mirar la realidad desde otros lugares.


Tal vez por eso el ejemplo de la bitácora de la mezquita me pareció tan significativo. No se trataba simplemente de describir un lugar, sino de vivir una experiencia que permitiera comprender otra cultura desde adentro.


Pensándolo bien, creo que esa es justamente la intención de la salida de campo que tendremos que hacer más adelante. No es solo cumplir con una actividad académica, sino atrevernos a salir de nuestras propias certezas y enfrentarnos a contextos que puedan cuestionarnos.


Porque al final, investigar no es solo comprender al otro. También es permitir que ese encuentro transforme un poco nuestra forma de ver el mundo.



Referencias

  • Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

  • Fals Borda, O. (1987). La investigación-acción participativa: política y epistemología. Editorial Punta de Lanza.

  • Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía: saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI Editores.

  • Video educativo. (s. f.). Investigación Acción Participativa (IAP). YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=ObBk5lxYSok

  • Video educativo. (s. f.). Investigación Acción Participativa y educación popular. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=RG62Q-zRx3c

  • Video educativo. (s. f.). El concepto de sentipensante en Orlando Fals Borda. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=Ntt8ArmFaDw

 
 
 

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