Semana 2 - ¿Existe la privacidad en las redes sociales?
- 2 feb 2025
- 4 Min. de lectura

Llegué al salón con entusiasmo, ansiosa por descubrir qué haríamos en la clase de hoy. Al entrar, vi a varios de mis compañeros apoyados contra la pared del fondo, conversando animadamente. Me acerqué a saludarlos y pronto nos vimos inmersos en una discusión sobre los Premios de la Academia, los Óscar. La charla era tan amena que no notamos que habían pasado más de diez minutos y el profesor seguía sin aparecer.
Me pregunté qué habría sucedido, ya que él mismo había mencionado que sería muy puntual. Fue entonces cuando me percaté de que, al frente del salón, una chica esperaba en silencio, observándonos con paciencia. Poco a poco, todos nos fuimos acomodando en nuestros asientos, intrigados por su presencia y la ausencia del profesor. Cuando logró captar nuestra atención, se presentó: su nombre era María José Mora Silva y sería nuestra monitora. Era una chica de cabello crespo y pelirrojo, con una expresión amable y una actitud tranquila que transmitía confianza.
Nos explicó que la sesión no tomaría demasiado tiempo, pero que lo que nos diría era fundamental para el desarrollo del curso, por lo que debíamos prestar mucha atención. Primero, nos detalló cuál sería su rol, su labor sería asistir a los estudiantes que asistieran a clase, aclarando dudas sobre los temas y conceptos vistos. Sin embargo, también dejó claro lo que NO hacía. No repetía clases para quienes no hubieran asistido, no realizaba trabajos ni tareas que eran responsabilidad exclusiva de los estudiantes y, además, no revisaba trabajos antes de ser entregados, ya que no sería justo corregirle a algunos y a otros no.
Después nos habló sobre la metodología del semestre. Continuaríamos con las bitácoras semanales, pero en lugar de publicarlas en X (antes Twitter), tendríamos que abrir un blog en la plataforma de nuestra preferencia. Nos recomendó Wix, que hasta el momento ha sido una gran herramienta. También nos adelantó que tendríamos lecturas grupales, Kahoots, Blookets, exposiciones y otras actividades. Finalmente, nos proporcionó algunos consejos, su horario de atención y su contacto por WhatsApp y Teams para resolver dudas. Tras esto, podíamos quedarnos para publicar nuestra primera bitácora o hacerlo desde casa. Opté por lo segundo, prefiriendo la comodidad de mi espacio.
Sin embargo, días después me sentí bloqueada. No sabía qué escribir hasta que recibí un mensaje en el grupo de Teams: que decía que nos invitaba a ver uno o varios de los documentos que nos ayudarían a enriquecer la bitácora. Sentí que alguien había escuchado mis plegarias. Me dispuse a explorarlos y el primero que vi fueVíctimas de Facebook.
A medida que avanzaba en el documental, comprendí que la privacidad en redes sociales es casi una ilusión. Un punto impactante fue cuando explicaron que el verdadero producto de Facebook no son sus servicios, sino nosotros. Creemos que usamos estas plataformas de forma gratuita, pero en realidad pagamos con nuestra información. Cada clic, cada interacción y cada búsqueda es registrada para vender publicidad segmentada.
Otro concepto que me estremeció fue el del "eterno presente" en internet. Todo lo que publicamos puede ser recuperado en cualquier momento, incluso si lo eliminamos. Se mostraban casos de personas que habían perdido empleos o sufrido linchamientos digitales por publicaciones antiguas. Pensar que un comentario o una foto pueden perseguirnos años después me hizo reflexionar sobre el verdadero alcance de nuestras acciones en línea.
Entonces me pregunté: ¿puede haber olvido social en internet? La respuesta parece ser un rotundo no. Aunque en algunos países existen leyes que permiten solicitar la eliminación de ciertos datos, en la práctica es casi imposible borrar por completo nuestra huella digital. Cualquier cosa que subimos deja rastro y, una vez que alguien más la ha visto, descargado o compartido, perdemos el control sobre ella.
El siguiente documental que vi fue Términos y Condiciones. Desde el inicio me di cuenta de algo alarmante: casi nadie lee los términos y condiciones de las plataformas digitales, incluyéndome. No es casualidad; los documentos son extensos, confusos y están llenos de lenguaje legal. Esto hace que simplemente los aceptemos sin cuestionarlos, cediendo nuestra privacidad sin siquiera notarlo.
Una de las revelaciones más inquietantes fue saber que, aunque seguimos siendo dueños de las imágenes que subimos, muchas plataformas tienen derechos sobre ellas. Esto significa que pueden almacenarlas, utilizarlas para fines comerciales o compartirlas con terceros sin pedirnos permiso directamente. Pensé en todas las fotos que he subido y en cómo, en realidad, ya no tengo el control total sobre ellas.
Otra parte que me impactó fue el seguimiento de nuestros historiales de búsqueda. Google y otras empresas registran absolutamente todo: qué buscamos, cuánto tiempo pasamos viendo cierto contenido y hasta nuestros patrones de comportamiento en internet. Esta información se usa para personalizar publicidad, pero también puede ser vendida o entregada a terceros, incluyendo gobiernos y corporaciones. Una vez más, la privacidad se convierte en una sombra fugaz.
Después de ver ambos documentales, me quedó una sensación inquietante de todo lo que acababa de ver. Víctimas de Facebook me mostró cómo las redes sociales pueden convertirnos en productos, vendiendo nuestra información sin que realmente seamos conscientes de ello, lo que es demasiado peligroso. Términos y Condiciones me hizo ver que, desde el momento en que aceptamos usar estas plataformas, estamos renunciando a nuestra privacidad de maneras que ni siquiera imaginamos en la vida.
Entonces surge la gran pregunta: ¿podemos hacer algo al respecto? Vivimos en un mundo hiperconectado donde rechazar estos términos nos dejaría digitalmente aislados. Tal vez la única solución sea ser más conscientes de lo que compartimos y proteger nuestra información tanto como sea posible. Aunque suene difícil, comprender cómo funciona este sistema es el primer paso para recuperar algo de control sobre nuestra privacidad en internet.
Porque, al final del día, cada clic deja un rastro y, en el vasto universo digital que es gigantesco, hasta la más pequeña huella puede volverse imborrable, expandiéndose como ondas en el agua, tocando rincones inesperados y recordándonos que en la era de la conectividad, la memoria de internet es infinita.
Referencias
Odisea. [Peliculasfree1]. (20 de abril de 2013). Las Víctimas de Facebook (Documental Completo) [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=cK2EJocSpC4
Documental - Términos y Condiciones de Uso. Vimeo. (s.f.). https://vimeo.com/96424900



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