Semana 12 - Sociedad del cansancio
- 3 may 2025
- 5 Min. de lectura

Al enfrentarme a las ideas de Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio, sentí una incomodidad particular. No era solo una lectura académica más; era casi como leer un diagnóstico emocional y mental de lo que llevo sintiendo desde hace mucho tiempo, aunque no supiera nombrarlo con exactitud. Esa mezcla de agotamiento constante, presión por rendir, necesidad de cumplir con todo (y con todos), e incluso culpa cuando no lo logro. Es como si la vida moderna me exigiera estar siempre en movimiento, produciendo, mejorando, demostrando… incluso cuando por dentro solo quiero descansar.
Han plantea que hemos pasado de una sociedad disciplinaria, en la que el poder venía de lo externo y se imponía a través de normas, vigilancia y castigo, a una sociedad del rendimiento, donde la explotación es autoimpuesta. Ya no hay un “jefe” que nos grita qué hacer, sino que nosotros mismos nos convertimos en ese jefe interno. Vivimos con la voz constante que nos dice: sé más productiva, no pierdas tiempo, sácale provecho a cada segundo. Y lo peor es que lo hacemos en nombre de la libertad, como si de verdad hubiésemos elegido este ritmo de vida.
En este régimen del rendimiento, incluso los espacios de descanso se convierten en herramientas para “recargar energías” y seguir produciendo. Dormimos para rendir mejor al día siguiente. Comemos saludable para aumentar nuestro rendimiento. Vamos al gimnasio no tanto por salud, sino por disciplina, imagen, exigencia. Hasta nuestros hobbies se vuelven espacios donde sentimos la presión de ser buenos, de mostrar avances, de subir contenido a redes y demostrar lo que estamos haciendo con nuestro “tiempo libre”. Es como si ya no hubiera lugar para el aburrimiento, para la pausa o el disfrute sin objetivo.
Una parte del texto que me marcó especialmente fue cuando Han afirma que el sujeto actual ya no se siente explotado por otro, sino por sí mismo. Esa frase me hizo detenerme. ¿Hasta qué punto yo también me he convertido en mi propia explotadora? ¿Cuántas veces he justificado mi cansancio diciendo “es que tengo que hacerlo”, “yo lo escogí”, “tengo que aprovechar esta oportunidad”? A veces incluso siento que si no estoy ocupada, si no tengo muchas cosas por hacer, entonces no estoy “avanzando” y eso me genera ansiedad. Como si el valor de mi vida dependiera exclusivamente de lo que logro y no de cómo me siento.
En los videos complementarios y en las presentaciones compartidas, se hacía énfasis en esta transformación de la lógica de poder: ya no se trata de la prohibición, del “no puedes”, sino del “tú puedes con todo”. Esa positividad exagerada, esos mensajes motivacionales de “levántate a las 5 a.m., corre 10 km, medita, trabaja 12 horas y sonríe”, no son inocentes. Son formas de autoimposición disfrazadas de superación personal. Me impresiona cómo incluso el sufrimiento se convierte en parte del capital simbólico: quien más se sacrifica, más se esfuerza, más sufre, más valioso es. Es la tortura de Prometeo, pero ahora nos convencemos de que la queremos.
En lo personal, muchas veces he sentido que no puedo permitirme parar. Incluso si estoy enferma, triste o agotada, hay una parte de mí que insiste en seguir. Porque si no lo hago, siento culpa. Me repito que hay otros que están haciendo más, que yo no puedo quedarme atrás. Las redes sociales, sin duda, intensifican esto. Ver a otros logrando cosas, publicando sus proyectos, sus metas cumplidas, sus hábitos saludables… todo eso me hace sentir que yo también debería estar en movimiento constante. No se trata solo de comparación externa, sino de una sensación interna de insuficiencia.
Han lo llama el “infarto del alma”. Ya no es el cuerpo el que colapsa primero, sino la mente, las emociones, el deseo. Aparecen la ansiedad, la depresión, el burnout, la hiperactividad. Enfermedades que ya no son provocadas por un virus, sino por un sistema que nos empuja a la autoexplotación constante. Me impresiona lo acertado que es esto. Yo misma he atravesado momentos de ansiedad tan fuertes que me dejan inmóvil, sin poder hacer nada, precisamente por la sobrecarga que me impongo a mí misma. Pero al mismo tiempo, me cuesta parar. Me cuesta decir “no puedo más”.
Este sistema es inteligente. Ya no necesitamos un panóptico que nos vigile desde afuera. Nosotros mismos nos volvemos el vigilante y el vigilado. Internalizamos la mirada del otro. Y aquí entra el concepto que me pareció clave: de lo extrínseco a lo intrínseco. El poder ya no actúa desde fuera, sino desde dentro. La norma no nos la impone otro, sino que nosotros mismos la asumimos como si fuera natural. “Sé tu mejor versión”, “tú puedes lograr todo”, “el límite eres tú”. Frases aparentemente empoderadoras, pero que en realidad nos atan a un rendimiento sin fin.
Incluso el lenguaje cambia. Ya no se habla de explotación, sino de oportunidades. No de sacrificio, sino de pasión. No de disciplina, sino de amor propio. Y así, el sistema se sostiene con mayor fuerza, porque parece que todos estamos ahí por decisión propia. Pero, ¿realmente es decisión propia cuando todas las alternativas parecen llevarte al fracaso o al rezago si no cumples con ese ritmo?
También me llamó la atención cómo Han rescata ideas de Marx y Foucault. Marx, porque esta autoexplotación tiene un claro componente capitalista: produce, consume, mejora, invierte en ti, conviértete en producto. Y Foucault, porque ya no necesitamos una estructura de castigo visible para que el poder opere. La vigilancia es ahora psicológica, emocional, simbólica. Y lo más perverso: creemos que es libertad.
¿Dónde queda la humanidad en medio de todo esto? ¿Dónde queda la posibilidad de simplemente ser, sin tener que demostrarlo todo el tiempo? En la parte final de la lectura y los videos, se sugiere que tal vez la salida está en la experiencia, en la lentitud, en volver a conectar con la vida sin convertirla en un proyecto de eficiencia. No se trata de volverse improductivos, sino de cuestionar esa productividad constante como única forma válida de existir.
Yo, personalmente, he empezado a cuestionarme muchas cosas. No tengo respuestas definitivas, pero sí tengo claro que no quiero vivir toda mi vida agotada. No quiero normalizar el cansancio como estado permanente. No quiero sentir culpa por descansar. No quiero que mi valor esté definido solo por lo que logro. Quiero recuperar mi derecho al aburrimiento, a la pausa, al error. Y sé que para eso, tengo que empezar por reconocer que el problema no está solo en mí, sino en el sistema que me ha hecho creer que si no rindo, no valgo.
Referencias
Docente (s.f.). Lectura de apoyo sobre el cansancio y el rendimiento [PDF]. Documento compartido en tarea.
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
Presentación de clase (s.f.). Resumen y análisis de "La sociedad del cansancio" de Byung-Chul Han [Diapositivas]. Documento compartido en clase.
Bibliografía
Claudio Alvarez Teran. (2017, 17 diciembre). «LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO» - Byung-Chul Han [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=zPNbDDxysk0
Filosofía en Minutos. (2023, 30 junio). ¿Por qué estamos TAN CANSADOS? | La sociedad del cansancio | DOCUMENTAL sobre Byung-Chul Han [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=Y5tee3P4gtM
Han, B.-C. (2010). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.



Comentarios