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Semana 1 – El principio de investigación social

  • 4 feb
  • 4 Min. de lectura


Ya en quinto semestre, el tiempo ha pasado demasiado rápido. Parece que fue ayer cuando apenas estaba empezando la universidad y ahora ya estoy comenzando un nuevo semestre, con nuevas materias, nuevos profesores y muchas expectativas. Era lunes, y como de costumbre desde primer semestre, iba corriendo para llegar a tiempo a clase. Llegué junto con mis amigas y, mientras esperábamos a que salieran los estudiantes de la clase anterior, empezamos a preguntarnos con qué actividad nos sorprendería esta vez el profesor. Como ya lo conocíamos de Teorías de la Comunicación 3, sabíamos que algo creativo iba a salir.


Apenas entramos al salón, pasaron solo un par de minutos antes de que el profesor llegara y empezara la clase de una vez, aunque todavía faltaba casi medio salón. Lo primero que hizo fue intentar recordar nuestros nombres y preguntar quiénes no habían tenido clase con él antes. Me sorprendió bastante cuando alrededor de seis personas dijeron que nunca habían tenido alguna clase con él. Cuando ya el salón estuvo completo, se presentó formalmente para quienes no lo conocían y nos habló un poco de su experiencia académica y profesional, lo que generó confianza desde el inicio.


Y entonces llegó lo mejor: la actividad para romper el hielo. Nos pidió sacar una hoja y dibujar un objeto que sintiéramos que nos representara o nos identificara. Yo, como siempre, me fui por el lado perfeccionista y terminé haciendo un dibujo muy detallado, cuidando cada línea, porque me cuesta dejar algo incompleto o mal hecho. Todo eso en apenas dos o tres minutos, pero aun así traté de dar lo mejor.


Luego el profesor recogió todos los dibujos y los volvió a repartir al azar. La idea era analizar el dibujo que nos tocara y escribir detrás de la hoja qué creíamos sobre esa persona: su personalidad o forma de ser. A mí me tocó una cámara. La verdad no sé de dónde salieron tantas ideas, simplemente dejé fluir lo que asociaba con ese objeto: creatividad, observación, sensibilidad y atención al detalle. Lo curioso fue que el profesor dijo que mi análisis había sido bastante acertado.


Cuando me devolvieron mi hoja, analizaron mi dibujo y dijeron que reflejaba creatividad, sensibilidad artística y perfeccionismo, lo cual fue totalmente cierto. Me impresionó mucho cómo, a partir de algo tan simple como un dibujo, se podían deducir tantas características de una persona. En ese momento entendí que la investigación social no siempre empieza con encuestas o estadísticas, sino con la observación, la interpretación y la lectura de comportamientos humanos.


Después de esta dinámica, cada uno tuvo que presentarse: nombre, programa académico, qué esperaba de la clase y algunos hobbies. Al principio muchos estábamos nerviosos y hablábamos bajito, pero poco a poco el ambiente se fue soltando. Fue interesante conocer más a mis compañeros y descubrir que algunos tenían gustos muy parecidos a los míos, mientras otros tenían intereses completamente diferentes.


Luego el profesor nos explicó cómo iba a funcionar la materia durante el semestre: la metodología, la forma de evaluación, los trabajos, las participaciones y los acuerdos de clase. Todo quedó bastante claro, lo cual dio tranquilidad, ya que muchas veces lo que más estresa no es la materia sino no saber cómo va a ser evaluada.


Después entramos en conceptos importantes para la investigación social. Primero habló del cono de aprendizaje de Edgar Dale, que muestra cómo aprendemos mejor cuando participamos activamente y no solo cuando escuchamos o leemos. Se divide entre aprendizaje pasivo y activo, y aunque muchas veces se le ponen porcentajes, estos no pertenecen al modelo original. Lo importante es entender que cuando hacemos, practicamos, discutimos y enseñamos, el aprendizaje se vuelve más significativo y duradero.


Luego hablamos de las Habilidades de Pensamiento de Orden Superior, conocidas como HOTS, basadas en la Taxonomía de Bloom. Estas habilidades van desde recordar y comprender hasta aplicar, analizar, evaluar y crear. Me pareció fundamental porque en la investigación social no basta con repetir teorías, sino que debemos usarlas para analizar situaciones reales, cuestionar lo que vemos y proponer nuevas ideas o soluciones.


Por último, el profesor nos mostró la tabla de la zona de confort, que fue una de las partes que más me hizo reflexionar. En ella se ve cómo empezamos en la Comfort Zone, donde todo es seguro y controlado. Luego pasamos por la Fear Zone, donde aparecen los miedos, la falta de confianza, las excusas y el temor a la opinión de los demás. Después viene la Learning Zone, donde adquirimos nuevas habilidades, enfrentamos retos y resolvemos problemas. Finalmente está la Growth Zone, donde se alcanzan metas, se encuentra propósito y se cumplen sueños.


Esta explicación me hizo pensar en cuántas veces he dejado de intentar cosas por miedo a equivocarme o a no hacerlo perfecto. Sin embargo, entendí que el error también hace parte del aprendizaje y que solo al salir de lo cómodo se logra un verdadero crecimiento personal y académico.


Antes de terminar la clase, el profesor nos dejó como tarea escribir una bitácora de 1.000 palabras sobre esta primera sesión. La verdad me alegró bastante, porque escribir siempre ha sido una buena forma de reflexionar sobre lo vivido y organizar ideas, además de expresar lo que uno siente frente a las experiencias académicas.


Al salir del salón, iba pensando en todo lo que habíamos hecho en una sola clase: dinámicas, reflexión, teoría y organización del semestre. Si así empezaba Investigación Social, sabía que sería una materia exigente, pero también muy interesante y diferente a las demás.


Sentía una mezcla de curiosidad, emoción y un poco de nervios por todo lo que venía. De todas las clases que teníamos por delante, esta fue solo la primera, y ya había dejado una muy buena impresión. Me quedó claro que esta materia no sería solo de libros y conceptos, sino de observar la realidad, analizar comportamientos y comprender a las personas desde distintas perspectivas.


Si algo me dejó esta clase es que investigar no es solo buscar información en internet o en libros, sino aprender a mirar el mundo con otros ojos, hacer preguntas, escuchar a los demás y salir de la zona de confort. Apenas vamos comenzando, pero siento que este semestre traerá muchos aprendizajes tanto académicos como personales.

 
 
 

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